El miedo a la discriminación es un gran fantasma que lo empaña todo. También, por supuesto, la escolaridad.  Hace poco en una de las charlas de ADM dijimos que el término discriminar también tenía como acepción el de discernir una cosa de otra cosa, o sea, ver y entender lo que se ve.  Esto implica que para darle a cada uno lo que necesita la escuela DEBE justamente DISCRIMINAR en este segundo sentido del término, para poder adecuar tanto el espacio físico, los contenidos curriculares o el modo de acceder a los conocimientos y cómo evaluarlos.

El miedo de parte de las familias a veces hace que las propuestas o movimientos que plantea el colegio sólo sean leídos como intentos de expulsión y entonces ahí comienza una pelea llena de malos entendidos y sobre todo llena de mucho sufrimiento.

Es cierto que en la historia de la sociedad las personas con discapacidad estaban marginadas pero también es cierto que eso cambió y sigue cambiando.

El diálogo de los padres con el colegio, informando y explicando sobre la enfermedad de sus hijos, es el mejor camino para construir una escolaridad feliz.  Es muy importante la parte social de la vida escolar. Fomentar los vínculos con los amigos del colegio es fundamental.

Es la familia quien, en forma activa, debe ayudar a generar esos vínculos, invitando a los amiguitos a la casa, generando programas y relacionándose ellos mismos con los otros padres. Es muy común que digan “nadie lo invita” pero… ¿y ustedes invitan?

A veces las madres, para que no se note que “ellos pueden hacer cosas que mi hijo no”, aíslan a los chicos creyendo que así los cuidan de las frustraciones ¡Tremendo error! La tolerancia a la frustración en el ser humano es la base de la construcción que nos hace personas. A todos nos pasa que no podemos todo. No somos omnipotentes.

Entiendo que la angustia por el diagnóstico de una ENM a veces no permite entender esto y cada vez que vemos una dificultad en nuestros hijos estamos viendo al “cuco” de la enfermedad completa.

Pero no deben olvidar que sus hijos son ante todo niños que necesitan jugar, divertirse, pelearse, aprender frustrarse y como se dice ahora “bancarse un no”.

Como dije antes, la sociedad está en pleno cambio al punto de realizar también cambios teóricos en la pedagogía como el término inclusión que hace referencia al modo en que la escuela debe dar respuesta a la diversidad. Este concepto suplanta al de integración. Su supuesto es que hay que modificar el sistema para responder a todos los alumnos y no que algunos alumnos deben cambiar para adaptarse al sistema y así integrarse a él.

La inclusión plantea el derecho de todos los alumnos a ser educados.  La escuela para esto cuenta con recursos que es importante que conozcan para poder utilizar.  Si concurren a escuelas públicas de la Ciudad de Buenos Aires existe la figura del asistente celador para discapacitados motores cuando la dificultad  es solo de índole motora. Esta persona ayuda al niño en los traslados, lo ayuda con las carpetas, la mochila, lo acompaña al baño, etc.  Cuando también se presentan dificultades de aprendizaje existe la maestra integradora, que ayudará en la adaptación curricular si es necesario (Ver Revista Nº 7. Abril de 2011. Pág. 18 y 19 Estrategia y dispositivos de apoyo para la inclusión escolar en los niveles inicial y primario).

En las escuelas privadas o provinciales también se puede recurrir a esta ayuda. Deberán averiguar en cada municipio los trámites para solicitarlo.

El transporte escolar también puede estar cubierto por el certificado de discapacidad y se debe solicitar a las obras sociales o prepagas .

Hay colegios más inclusivos y otros más rígidos o estructurados donde adaptarse a recibir un chico con dificultades motoras los complica mucho. Esto habla de las limitaciones de esa escuela o de sus dirigentes.

A veces las familias intentan con obstinación y orgullo que esa escuela cambie y en esa pelea se produce un desgaste que agota y lastima al niño.

Por cada escuela expulsiva hay diez escuelas inclusivas dispuestas a recibir. No todas las escuelas son para todos los niños y esto vale para todo el universo escolar.

Fuente Revista Seguir Andando Nº 10 – Abril 2012

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